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EL MUNDO DEL VINO
VINO Y SALUD
 

El aguardiente ofrecía a los médicos de la edad media y el Renacimiento una importante serie de ventajas para la preparación de recetas y pócimas


Desde los orígenes de la humanidad civilizada, el vino hizo acto de pre­sencia y no sólo como bebida destinada a acompañar los alimentos: pronto sus virtudes medicinales fueron valoradas. Los egipcios, los griegos y los romanos hicieron del vino un elemento bá­sico en su farmacopea. Posiblemente por tratarse de un líquido relativamen­te estable, gracias a la presencia del alcohol y los ácidos orgánicos. Esta tradi­ción fue recogida por los alquimistas medievales. Ellos supieron además copiar de los destiladores árabes las técnicas de elaboración del aguardiente, espíritu del vino o agua de la vida.

La destilación de vinos fue práctica corriente en la Charente francesa ya desde el siglo XVII, en Cataluña desde el siglo XVIII, y en Jerez desde el siglo XIX. El aguardiente ofreció a los médicos de la época una importante serie de ventajas para la preparación de recetas y pócimas. Era inalterable por su elevado por­centaje de alcohol y por la misma causa excelente disolvente de las sustancias que entraban en la mixtura. Podía conservarse de forma indefinida y era bioló­gicamente aséptico.

Pero no cabe duda de que las virtudes medicinales del vino y el aguar­diente eran puramente un hecho comprobado para ellos. Desconocían el me­canismo de actuación así como la inmensa mayoría de los componentes inte­grales. De hecho, no es sino con Pasteur que el vino empieza a estudiarse científicamente, y bien entrado el siglo XX cuando empiezan a conocerse el porqué y el cómo de sus cualidades fisiológicas.

Esta reputación secular del vino de ser la leche del viejo, tónico y estimulante del apetito, bebida higiénica y saludable por excelencia, ha sido harta­mente recogida en los refraneros populares. Pero no vamos aquí a ocuparnos de ello, aunque conviene señalar que estas tradiciones verbales transmiti­das de generación en generación siempre tienen una causa concreta y cientí­fica, generalmente ignorada. Todavía los ancianos recuerdan que, en tiempos de epidemia de cólera, el bacilo no podía subsistir en un me­dio moderadamente alcohólico como es el vino...

Desde el hombre de las cavernas hasta el manager de nuestros días, la hu­manidad ha sufrido tensión y temor, y sentido la necesidad de aliviarse de ellos. El cavernícola acorralado por un tigre estaba sin lugar a dudas sometido a estrés; y también el guerrero medieval que emprendía azarosas campañas sometido a toda clase de peligros y sufrimientos. Y el vino a través de los tiempos ha conseguido una firme reputación en tanto que remedio para la an­siedad del hombre.

Pero, además, el vino tiene otros usos médicos que serán tratados aquí. Como cualquier otra medicina, tomado en exceso puede perjudicar. La mor­fina, la aspirina e incluso el agua tomados en exceso pueden causar daño. Y porque el gusto del vino es agradable, la tentación de abusar es quizá ma­yor, pero, afortunadamente, esto no suele ser común. Y no debe dar pie a ne­gar sus beneficios, que son muchos, siendo quizá el principal el de contribuir tanto a la alegría de la vida.

 




23-08-2007


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